
Hoy robé un nombre, uno de un poeta que es filósofo, tenía curiosidad de saber que decía, a veces, los nombres susurran secretos de las personas que ni ellas mismas imaginan. No es que me interesen sus secretos, solo quiero que la curiosidad me mate, igual que a un gato.
El robo fue impecable; tomé cautelosamente una letra a la vez sin que el poeta se diera cuenta, así hasta completar seis. Cuando tuve su nombre en la bolsa del pantalón, corrí a casa para reconstruirlo. El nombre era perfecto, tan simétrico, consonantes con vocales sumergidas en un dialogo interminable.
Lo puse en mi lengua para entenderlo, entonces murmuró: "soy el que sabe escuchar".
El robo fue impecable; tomé cautelosamente una letra a la vez sin que el poeta se diera cuenta, así hasta completar seis. Cuando tuve su nombre en la bolsa del pantalón, corrí a casa para reconstruirlo. El nombre era perfecto, tan simétrico, consonantes con vocales sumergidas en un dialogo interminable.
Lo puse en mi lengua para entenderlo, entonces murmuró: "soy el que sabe escuchar".
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